Kopi untuk setiap orang

Desde el Warung, continuamos obsesionados con encontrar los parecidos razonables entre España e Indonesia, y el pasado viernes 20 de abril descubrimos que el debate sobre la Organización Territorial de ambos estados ocupaba numerosas páginas en los principales periódicos de uno y otro país. En realidad, esto tiene bien poco de especial si tenemos en cuenta que ambos países recurrieron a la descentralización del poder político como requisito indispensable para iniciar sendas transiciones a la democracia –aunque entre ellas haya más de 20 años de diferencia, 1975 en España, 1998 en Indonesia–. Como consecuencia de ello, la manera de organizar territorialmente el poder y la administración de éste en uno y otro país ha sido, no solo objeto de debate entre la opinión pública, sino también objeto de estudio para muchos académicos.

Los debates presentes en The Jakarta Post y en El País, respectivamente, giraban sobre argumentos distintos pero coincidían en la idea de trasfondo que los había generado: el fracaso de ambos modelos. En Indonesia, el modelo adoptado hace poco más de diez años ha sido duramente criticado porque se considera que ha fracasado en su intento de mejorar los niveles de desarrollo y de bienestar en el conjunto del país, así como en su objetivo de acercar la democracia a los ciudadanos. Sin embargo, hasta el momento, no se ha puesto en duda el modelo en sí. Entre otras cosas, porque hablar de un modelo indonesio es algo un poco osado ya que, la descentralización del poder político en Indonesia, es un proceso ex novo todavía en formación, del que apenas hay referencias históricas desde su nacimiento como Estado independiente.

En España, en cambio, las críticas al Estado Autonómico provienen de dos direcciones diametralmente opuestas que proponen un cambio de modelo en la Organización Territorial del Estado. Por un lado, los nacionalismos periféricos de las comunidades históricas que, cada vez más, abogan por una rotura con el Estado central; y por el otro, los centralistas más acérrimos, como la señora Esperanza Aguirre, que proponen una recentralización del Estado, y algunos, hasta la disolución de las autonomías. Existe también un tercer grupo, al que no se le da tanto revuelo en este país tan dado a los debates dicotómicos, que son aquellos que apuestan por la opción federal. Asimismo, en España, el debate se ha centrado, como ya decíamos en una entrada anterior, en el quién tiene la llave de la caja; algo que, en estos momentos de recesión económica, provoca que el debate se recrudezca y, probablemente, saque lo peor de cada uno. Solo hace falta escuchar al señor ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, para ver las ganas que tienen algunos de utilizar la crisis para todo lo que les conviene.

En Indonesia, el problema de quién tiene la caja no genera mucha discusión: Yakarta es la que reparte. Sin embargo, este hecho es el que genera uno de los mayores problemas en la organización territorial del poder político y que tiene que ver con la creación de nuevas regiones (un fenómeno que se conoce como Pemekaran Daerah, o expansión de las regiones), mediante las cuales, algunos líderes locales quieren adueñarse de los recursos del Estado (en cierta manera, la modalidad indonesia del “café para todos” español, kopi untuk setiap orang). Más allá de la corrupción que esto pueda generar y de las consecuencias de ésta en la provisión de servicios a los ciudadanos, el fenómeno de la Pemekeran Daerah ha favorecido el conflicto entre regiones limítrofes porque, en muchas ocasiones, los líderes locales han apelado a rasgos primordiales como los relacionados con una etnia o una creencia religiosa determinadas (pero difíciles de fundamentar históricamente) para justificar la creación de una nueva regencia y/o provincia, a partir de la escisión de otra ya existente.

Estas regiones de nueva creación, en su gran mayoría, han suspendido la evaluación realizada por el Ministerio del Interior indonesio para controlar su nivel de actuación en términos de “buen gobierno”, competitividad, provisión de servicios y mejora del bienestar (de las 205 regiones creadas entre 2001 y 2008, año en que se establece una moratoria para la creación de nuevas regiones, el 70% han puntuado por debajo de un nivel aceptable). Ante esta situación, una de las soluciones propuestas por los expertos con el objetivo de mejorar la actuación del Estado en la mejora del bienestar de sus ciudadanos, la cual consiste en unir las regiones que no “actúan” correctamente con algunas colindantes que sí lo hagan, plantea serios problemas. Y es que parece muy difícil que dos comunidades que han entrado en conflicto por el control de unos recursos provenientes de Yakarta, olviden su pasado más reciente (en algunos casos, menos de 5 años) y vuelvan a unirse bajo una sola administración.

Sea como fuere, en los países donde se debe adoptar un modelo de organización territorial del Estado que tenga que amoldar, no solo los elementos estrictamente administrativos y de poder, sino también aquellos de carácter simbólico, como puede serlo la acomodación de diferentes naciones, etnias o comunidades con identidad colectiva propia y diferenciada de la mayoritaria, la selección de un modelo u otro nunca estará libre de conflicto y será siempre susceptible de ser llevada a debate. No obstante, en lo que a la provisión de servicios y a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos se refiere, más allá del modelo de Estado, algo que también afecta negativamente es la calidad y la integridad de los gobernantes, tanto a nivel nacional como a nivel local y/o regional. Una cuestión que en Indonesia, pero también en gran medida en España, deja mucho que desear.

Imagen: http://warungmassahar.blogspot.com.es/

Algunas lecturas relacionadas:

Van Klinken, G. (2007): Communal Violence and Democratization in Indonesia, Abingdon, UK y Nueva York, USA, Taylor and Francis.

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La lucha por la “ciudad madre” – 04

Empiezan a salir publicadas las primeras encuestas de intención de voto para las elecciones a gobernador de la Región Especial de la Capital, y todo parece indicar que el actual gobernador Fauzi Bowo (alias Foke) parte con una ligera ventaja respecto a sus contrincantes. Según los resultados de la encuesta realizada por la consultoría política The Cyrus Network, Foke y su compañero de candidatura, Nachrowi Ramli, gozarían del apoyo de un 42,4% de los electores. Los más inmediatos perseguidores del ticket Foke-Ramli son la pareja formada por el todavía alcalde de Solo, Joko Widodo, y su socio del Partai Gerindra, Ahok, los cuales obtendrían un 31,8% de los votos. El resto de las candidaturas no superaban el 10% de los votos.

El estatus especial de la región de la capital obliga a que el candidato ganador tenga que conseguir, como mínimo, el 51% de los votos para poder ser proclamado gobernador, con lo que es más que probable que la Pilkada de Yakarta vaya a una segunda vuelta en la que se enfrenten las dos parejas anteriormente mencionadas.

No parece que la popularidad de Foke vaya a ir en aumento, en todo caso lo contrario, –especialmente si sigue metiendo la pata, o mejor dicho, el dedo, en sus apariciones publicas, tal y como muestra la foto–. Los continuos problemas de circulación y las posibles inundaciones que se puedan producir a lo largo de este período de pre-campaña, sin duda afectarán a su imagen. Tampoco ayuda que la organización Indonesia Corruption Watch (ICW) critique abiertamente al actual gobierno de la ciudad por su falta de transparencia como consecuencia de la aprobación de un decreto gubernamental (1971/2011) en el que se presenta una lista con una serie de documentos clasificados como excepcionales y que por tanto, no pueden estar abiertos al público. Según ICW, este decreto vulnera la Ley sobre la Libertad de Información que entró en vigor en Indonesia en el año 2010.

Aparte: En Indonesia, con apenas 14 años de democracia sí tienen una ley de transparencia; luego se la tomarán como se la tomarán, pero la tienen. Spain is definitely different…

La peor parte en esta larga carrera hasta el 11 de julio de 2012 se la llevan las candidaturas independientes. Sus escasos recursos económicos, en comparación con los de aquellos candidatos que cuentan con el apoyo de los partidos, limitan su presencia en los medios, especialmente en la televisión, el principal medio de información en Indonesia, y dificultan su acceso a las clases más populares de la ciudad. El caso del economista Faisal Batubara es un claro ejemplo de esto que decimos. Éste goza de una muy buena reputación entre las clases medias educadas dada su condición de profesor en la Universidad de Indonesia, pero le falta todavía poder penetrar en el imaginario de las clases menos pudientes de Yakarta. En cualquier caso, todavía queda mucho tiempo y el ticket Faisal-Benjamin pueden dar la sorpresa y pasar a la segunda vuelta.

Por lo que al candidato del PKS se refiere, Hidayat Nur Wahid, no parece que esté capitalizando el apoyo del que goza el partido en el parlamento de la capital. Su nombramiento a ultimísima hora le está pasando factura y su presencia en esta pre-campaña todavía no se ha hecho notar demasiado. Algo similar parece estar pasándole al candidato del Golkar, el PPP y el PDS, Alex Noerdin, que, entre su implicación (presunta) en escándalos de corrupción en Sumatra del Sur y los conflictos internos de uno de sus socios de coalición, el PDS, todavía no se está dejando ver demasiado.

Aún es pronto y, como dice el tópico, en política puede pasar de todo. En cualquier caso, el próximo 11 de julio el Warung estará en Yakarta para observar de primera mano cómo se desarrolla la jornada electoral e informar sobre las sorpresas que se vayan produciendo.

Imagen: The Jakarta Post

Listas desbloqueadas, y ¿qué más?

En el año 2009, por primera vez en Indonesia, los ciudadanos tuvieron la posibilidad de emitir su voto de forma preferencial  y escoger a su candidato legislativo preferido. Lo que viene siendo, en términos politológicos, un voto preferencial con listas cerradas y desbloqueadas. Lo que para gran parte del 15-M español podría parecer un avance democrático de considerables dimensiones de cara a la rendición de cuentas de los políticos con la ciudadanía, en suelo indonesio no parece que los resultados hayan sido tan positivos como se esperaba, al menos en el ámbito nacional. Como ya comentamos en la entrada sobre la “informalidad en el presidencialismo indonesio”, los mecanismos de toma de decisiones del DPR indonesio no favorecen la transparencia y la posición de los legisladores respecto a los diversos temas que allí se debaten, sólo se conoce de puertas a dentro.

Asimismo, en el caso indonesio, del que ya hemos comentado la debilidad de las maquinarias partidistas, los costes de los candidatos para las campañas se han visto incrementados considerablemente ya que, no sólo tienen que competir contra los legisladores de otros partidos, sino también contra los otros candidatos de su propio partido. Esto, en un país donde la apropiación de los recursos del Estado está al orden del día (véase la entrada “España:KKN”), ha provocado que algunos de los candidatos vean la campaña como una inversión que tienen que recuperar una vez en el cargo. De hecho, en el ámbito local y provincial, algunos de los candidatos que, después de invertir grandes sumas de dinero, no habían conseguido un escaño, acabaron por suicidarse al no poder soportar el peso de sus deudas.

Esta línea de argumentación que relaciona las listas abiertas con mayor corrupción es la que han tomado aquellos indonesios que son contrarios a éstas. Así, el pasado sábado 14 de abril, el periódico indonesio Koran Tempo, publicaba unas declaraciones del Abdul Hakim, portavoz del grupo parlamentario del PKS en el DPR, en las que éste presentaba su posición contraria a las listas abiertas para las elecciones generales indonesias y en las que veíamos este tipo de argumentos. Sin embargo, el rechazo del PKS hacia las listas desbloqueadas no es fruto, simplemente, de su voluntad de liberar al pueblo indonesio del yugo de la corrupción, ni por asomo. El principal problema del PKS con las listas abiertas es su condición de partido de masas.

Para el PKS, un partido que basa su fuerza en el adoctrinamiento de sus miembros,  que estos tengan que competir entre ellos es casi una tragedia. Tal y como nos relataba personalmente un militante del PKS en Yogyakarta, “en la cultura del PKS no se concebía que sus candidatos tuvieran que enfrentarse entre sí”. El Partido de la Justicia y la Prosperidad apuesta por que sus militantes sigan homogéneamente el pensamiento y las decisiones emitidas por la cúpula del partido, en este caso la Majelis Syuro (la Asamblea Deliberativa); esto es lo que les hace “fuertes” frente la arbitrariedad y el populismo de los candidatos de los demás partidos indonesios. Pero, tal y como demuestran los resultados electorales de 2009, en los que el PKS obtuvo el 8% de los votos, así como también nos han reconocido algunos de los miembros del partido, esta fórmula no parece ser muy efectiva en el contexto indonesio.

El caso indonesio pone de manifiesto que las disfunciones de un sistema político, en este caso la corrupción, no se pueden arreglar con la mejora de uno solo de sus elementos. Al mismo tiempo, nos muestra que cada contexto es diferente, y lo que puede funcionar en un lugar, puede no hacerlo en otro. Como bien indican Laiz y Román (2003), un sistema político es un “conjunto identificable de elementos o variables, que interactúan entre sí y con el ambiente [y en el que] convergen el régimen, la comunidad política, la sociedad en su vertiente de actor político y la asignación de valores por una autoridad, logrando que éstos sean tomados como obligatorios el mayor tiempo posible”. El sistema electoral, es solo uno de esos elementos que operan en un sistema político, y que a su vez, en tanto que sistema, también está formado por múltiples componentes (número de representantes a elegir; circunscripciones, de las que importa el tamaño y el número; la barrera electoral; etc.).

Precisamente por esto, es importante que la ciudadanía no se quede en la superficie y que exija cambios de verdad sustanciales. En el caso indonesio, la introducción de las listas abiertas no parece haber mejorado la rendición de cuentas en ninguno de los tres niveles de gobierno. En los ámbitos local y provincial, la excesiva dependencia económica del centro y la gestión por parte de los ejecutivos –sin el control de los parlamentos regionales– de los recursos que de allí llegan, limitan mucho la importancia de los poderes legislativos y hacen que éstos pierdan relevancia para la ciudadanía que, consecuentemente, deja de escrutarlos. En el ámbito nacional, los mecanismos de funcionamiento del DPR dificultan que los ciudadanos puedan saber qué decisiones toman sus representantes en el parlamento. Asimismo, las listas desbloqueadas, por sí solas, tampoco han ayudado a reducir los casos de corrupción. Y es que para eso, es mucho más efectiva una reforma profunda del poder judicial.

Las listas desbloqueadas o abiertas, en teoría, mejoran la rendición de cuentas vertical, esto es entre los ciudadanos y sus gobernantes. Sin embargo, tal y como demuestra el caso indonesio, sin unos buenos mecanismos de accountability horizontal, esto es entre las diferentes instituciones del Estado y, sobre todo, entre los tres poderes, la primera queda bastante limitada.

Imagen: kanalpemilu.net

Algunas lecturas relacionadas:

Laiz, C. y Román, P. (2003): Política Comparada, Madrid, McGraw-Hill.

La lucha por la “ciudad madre” – 03

La “ciudad madre” de Indonesia es una urbe que alberga cerca de 11 millones de habitantes en un área de unos 660 quilómetros cuadrados. Como toda gran ciudad, Yakarta pone de manifiesto en su propio paisaje las grandes diferencias socioeconómicas que existen entre sus ciudadanos. Distritos de negocios con hoteles y centros comerciales de lujo, flanqueados por barrios de chabolas en los márgenes de un torrente de “agua” mugriento y maloliente. Asimismo, como gran urbe de un país esencialmente rural, Yakarta es también el lugar donde los sueños de prosperidad de muchos indonesios se han transformado en pesadillas de desesperación y hambre.

Este es un retrato que la capital de Indonesia comparte con la gran mayoría de capitales del mundo y que puede hacerse prácticamente desde el avión antes de aterrizar en el Sukarno-Hatta International Airport. Pero en la calle, con los pies en el suelo, ¿qué es lo que realmente preocupa a los ciudadanos de Yakarta (¿alguien conoce el gentilicio?)?

Según una encuesta realizada por el Lingkaran Survei Indonesia (Círculo de Encuestas de Indonesia) y publicada el pasado domingo 8 de abril, alrededor del 65% de los habitantes de Yakarta considera que los tres principales problemas que afectan a la capital del país y que el próximo gobernador deberá resolver son: el tráfico, las inundaciones y los deshechos.

El tráfico

En el año 2011, había en Yakarta más de 13 millones de vehículos motorizados, en su gran mayoría motocicletas (9,8 millones). El aumento en el número de automóviles del año 2010 al 2011 fue de un 11,26%. Según los expertos en estos temas, a este ritmo, la ciudad podría llegar a un bloqueo total como consecuencia del tráfico en los próximos años. Las políticas para reducir el número de coches en las calles perecen haber fracasado, y la red de transporte público no parece una alternativa viable al transporte privado porque comparte con éste las calles y las carreteras de la ciudad. La única excepción, a medias, son los autobuses del Transjakarta que cuentan con carril propio (pero que en muchas ocasiones se ve invadido por otros vehículos). Hace ya unos cuantos años (2003-2004) que se empezó a diseñar un proyecto para introducir medios de transporte urbanos de mayor velocidad. Concretamente, se llegó a un acuerdo con las autoridades japonesas para construir un mono-rail. A día de hoy, aparentemente por motivos presupuestarios, la construcción de éste está todavía suspendida. Más adelante veremos qué es lo que proponen los candidatos a este respecto.

Las inundaciones

Al tratarse de un país tropical, Indonesia solo conoce dos estaciones: la seca, que va, más o menos, de mayo a octubre, y la lluviosa que se prolonga durante el resto de los meses. En plena temporada de lluvias, pueden llegar a caer en Yakarta una media de 400 milímetros de agua por hora, lo que puede provocar serias inundaciones en algunos barrios dadas las malas condiciones de los drenajes de la ciudad. En el año 2007, las inundaciones en la capital fueron desastrosas y causaron varias decenas de muertos y más de 300 mil desplazados. Como consecuencia de esta tragedia, por la que muchos de los afectados todavía no han sido compensados, las autoridades se apresuraron a mejorar la situación del sistema de canalización y gracias a la contribución del Banco Mundial, parece que la situación ha mejorado y este año, a pesar de que han seguido existiendo, las inundaciones no han provocado una tragedia similar a la de cinco años atrás. En cualquier caso, éstas se siguen dando y los candidatos deberán presentar un plan para contenerlas.

Los desechos

Este problema está muy ligado al de las inundaciones, y es que son precisamente los desechos sólidos los que obstruyen los canales de drenaje que no permiten que el agua fluya hacia el Mar de Java y se acumule en las calles de la capital. Aparentemente, por lo que a los desechos se refiere, el principal problema radica en la poca consciencia ecológica de la población; por ejemplo, en relación a los ríos y los canales, que son vistos por muchos habitantes de la capital como “vertederos” naturales. Asimismo, Yakarta tampoco cuenta con una cultura del reciclaje muy extendida (de hecho, es casi inexistente). El principal objetivo de los candidatos a gobernador de la Región Especial de la Capital a este respecto, debe ser el de desarrollar planes de acción que conciencien a la población de que el problema de la basura, y todos los que éste acarrea (sanidad, inundaciones, etc.), debe empezar a solucionarse desde los propios hogares. A partir de aquí, la tarea de la ciudad será la de proveer infraestructuras que permitan una mejor gestión de los desechos. Veremos qué nos dicen los candidatos…

A día de hoy, estos tienen ya mucho trabajo porque, según la encuesta a la que hacíamos mención más arriba, la mayoría de los ciudadanos de Yakarta no confían en que el nuevo gobierno que surja de las elecciones del próximo mes de Julio sea capaz de solucionar sus problemas.

Imagen 1: Wikipedia

Imagen 2: Kompas

Imágenes 3 y 4: The Jakarta Post

España: KKN

 Leíamos ayer en El País un reportaje de David Fernández sobre el nepotismo en España (“Cuando el gobierno es una agencia de colocación”), y desde el Warung no pudimos evitar pensar en nuestra estimada República de Indonesia. Y es que, en el fondo, a pesar de estar tan lejos el uno del otro, España e Indonesia son dos países que comparten muchos rasgos. Por desgracia, el de la corrupción en la Administración del Estado es uno de ellos.

A juzgar por el Índice de Percepción de la Corrupción del año 2011 que elabora Transparency International (Mapa del Índice de Percepción de la Corrupción 2011), el cual clasifica 183 países en función de cómo de corrupto es percibido su sector público, entre España e Indonesia hay 70 puestos de diferencia. España, con una puntuación de 6,2 sobre 10, se encuentra en la franja de los países relativamente limpios en el puesto 31. Indonesia, por su parte, se encuentra en el puesto 100, con una puntuación de 3. Sin embargo, la opinión pública de ambos países considera la corrupción como uno de sus principales problemas.

El barómetro del CIS del pasado mes de Febrero muestra como “la corrupción y el fraude” es el cuarto principal problema que existe en España detrás, precisamente, de “la clase política, los partidos”. Dado que los principales escándalos de corrupción que transcienden a la opinión pública son aquellos relacionados con altos cargos de la Administración Pública, los cuales representan a unas siglas políticas, no es descabellado pensar que ambos problemas guarden una estrecha relación. En Indonesia, esta relación entre la corrupción y los partidos políticos parece mucho más estrecha. Tal y como indica esta encuesta (Persepsi Pemberantasan Korupsi (Percepción del proceso de erradicación de la corrupción)) elaborada por la Lembaga Survei Indonesia, para los indonesios, las instituciones más corruptas son los partidos políticos.

Vemos pues que, en estos dos países tan diferenciados culturalmente, las prácticas corruptivas son uno de los principales problemas que afectan al funcionamiento de sus democracias. Hacemos referencia a la cuestión cultural porque en el artículo de El País anteriormente citado, algunos de los expertos consultados nos dicen que el nepotismo y la corrupción en España tienen que ver con la cultura de este país y la del sur de Europa en general. ¿Y en Indonesia, que ni está en el sur de Europa, ni se parece culturalmente a España?

Desde el Warung, creemos que la cuestión de la corrupción en ambos países tiene más que ver con otra de las razones que se mencionan en el artículo, la que hace referencia a la apropiación del Estado por parte de los políticos. Concretamente, se dice: “El problema radica en que nuestros políticos tienen un sentido muy patrimonialista del Estado”. Y esto, tiene poco que ver con la cultura de uno u otro país, y mucho que ver, aunque no únicamente, con el hecho de que los actuales regímenes políticos en ambos países son los herederos de dos autoritarismos que estuvieron en el poder durante más de treinta años.

La apropiación del Estado es algo muy propio, valga la redundancia, de los regímenes autoritarios y ni el Franquismo ni el Nuevo Orden son una excepción a esta regla.

El caso indonesio, el Nuevo Orden de Suharto, llevó mucho más lejos este adueñamiento del Estado y, en sus últimos años, el régimen acabó adoptando ciertos aires “sultanísiticos” –los regímenes sultanísiticos se basan “en un mandato personal y la lealtad hacia el mandatario está motivada por una mezcla de miedo y recompensas hacia sus colaboradores…Como resultado, la corrupción reina por todo lo alto en todos los niveles de la sociedad” (Chehabi y Linz, 1998)–,  podría decirse que Suharto y su familia eran los dueños de gran parte de Indonesia.  El Jefe del Nuevo Orden, llevaba a cabo las relaciones clientelares, o la asignación de recompensas a las que hacíamos mención, mediante el Golkar, el partido “único” y la corrupción estaba hasta tal punto extendida que las siglas KKN que aparecen en el título de esta entrada, eran las que utilizaban los opositores para describir al régimen: Korupsi, Kolusi, Nepotism; Corrupción, Connivencia y Nepotismo.

Con la llegada de la democracia en ambos países, la corrupción y las malas prácticas en el gobierno se han extendido a todos los niveles y han sido protagonizadas por todos los colores políticos, siendo los partidos mayoritarios mucho más culpables dada su cercanía al poder. En una época de vacas flaquísimas como la que nos está tocando vivir, la corrupción, el nepotismo y el mirar al otro lado no solo perjudican el buen funcionamiento del sistema democrático en términos de eficiencia y eficacia en la distribución de los recursos, sino también representan un acto de violencia estructural gravísimo contra los ciudadanos de a pie que sufren las subidas de impuestos, los recortes en los servicios básicos y en sus derechos, y la gran tragedia del desempleo. Así que, cuando algunos dirigentes políticos se pregunten el porqué de las reacciones violentas en las manifestaciones, tal vez haya que recordarles que la violencia acaba generando más violencia…

Imagen: changemakers.com

Algunas lecturas relacionadas:

Chehabi, H. E. y Linz, J. J. (1998): Sultanisitic Regimes, Baltimore, MA, The Johns Hopkins University Press.

Robinson, R. y Hadiz, V. (2004): Reorganising Power in Indonesia: The Politics of Oligarchy in an Age of Markets, Londres y Nueva York, Routledge.

PKS: ese socio incómodo

En la entrada del martes pasado (“La primavera, la sangre altera”), anunciábamos que la coalición de gobierno podría sufrir algún que otro temblor debido a la postura opuesta del PKS respecto a la decisión de aumentar el precio del carburante hasta final de año. A las peticiones de la cúpula del Partido Demócrata (PD) para que el Partido de la Justicia y la Prosperidad (PKS) abandonara la coalición “de la Indonesia unida II”, se le han añadido las de otros dos partidos, el Partido del Mandato Nacional (PAN) y el Partido del Despertar Nacional (PKB). Por otro lado, tanto el Golkar como el Partido de la Unión y el Desarrollo (PPP), han preferido no opinar al respecto y abiertamente han declarado que no se quieren mezclar en este asunto. Según ellos, la decisión de qué hacer con el PKS concierne a SBY y lo que él decida irá a misa.

Esta actitud impertinente del PKS no es nada nuevo en esta legislatura. De hecho, a los pocos meses de formarse el nuevo gobierno, y como consecuencia del caso de corrupción conocido como “Bank Century”, un caso relacionado con el rescate de dicho banco y que afectaba al vicepresidente Boediono, a la Ministra de Finanzas Sri Mulyani y a todo el Partai Demokrat, el PKS azotó al Presidente para que destituyera a los dos miembros del gobierno afectados por el escándalo. Sri Mulyani “encontró” trabajo en el Banco Mundial y como consecuencia de ello, el asunto vio reducida su intensidad mediática, pero sentó un precedente respecto a la actitud del PKS en el seno de la coalición.

La actual coalición de gobierno representa un 75,5% de los escaños, de los cuales solo un 10,2% corresponden al PKS. Si Indonesia tuviera un sistema político donde el Parlamento Nacional gozara de un gran peso a la hora de gobernar, una coalición con más del 60% de los escaños no tendría problemas para hacerlo. Pero es que, al tratarse de un presidencialismo, que además cuenta con unos mecanismos informales que ya conocemos, para el Presidente Yudhoyono, que el PKS esté fuera del grupo de partidos gobernantes no tendría por qué ser nada problemático, al menos desde un punto de vista aritmético. Así pues, ¿por qué SBY mantiene todavía al partido islamista en la coalición de gobierno?

La presencia de tres ministros del PKS en el actual gobierno fue la forma de premiar al partido por su buena actuación a lo largo de la primera legislatura y por su apoyo en todas las presidenciales, tanto las de 2004 como las de 2009. Y es que, en cierta medida, en sus períodos de auge tanto SBY como el PKS han ido cogidos de la mano. A día de hoy, a expensas de lo que suceda en la reunión de los partidos miembros de la coalición de esta noche, parece que el Presidente,  sabiendo que no puede volver a presentarse y que su partido va a sufrir (o está sufriendo ya) una gran crisis de liderazgo, ha hecho buena la máxima corleoniana que dice: “mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos”. Para SBY, es mejor un PKS que tenga que responder de sus acciones como miembro de gobierno, que un PKS en la oposición sacando a sus devotos militantes a la calle.

El Partido de la Justicia y la Prosperidad, por su parte, ha aprovechado los asuntos con mayor impacto mediático para dejar claras algunas de sus posturas y contentar a su electorado, el cual le pide ser pío, duro con la corrupción y cercano a los más desamparados (Ley anti-pornografía, “Bank Century” y la cuestión del aumento del precio del carburante). Asimismo, el PKS empieza a oler la sangre, y se ha dado cuenta de la caída en picado de la popularidad de SBY, y consecuentemente, del Partai Demokrat, y está preparando el terreno para las próximas generales que se celebrarán dentro de dos años. De hecho, a raíz del conflicto surgido por el asunto del precio de la gasolina y frente a las peticiones de los distintos partidos para que abandone la coalición de gobierno, el PKS ha respondido que está preparado para estar fuera del gobierno.

Veremos qué es lo que sucede, pero en cualquier caso, lo que este asunto pone de manifiesto es la situación de debilidad de SBY. Una debilidad que no hace peligrar su mandato hasta el año 2014, pero que sí limita su capacidad de acción. La cuestión de la sucesión parece estar condicionando esta segunda mitad de legislatura y tanto él como el PD harían bien en solucionarla lo antes posible para dar un golpe de efecto y poder controlar así, no solo las actitudes chulescas del socio incómodo, sino también un posible auge del PDI-P. Y si no lo creen así, que le pregunten al PSOE por las consecuencias electorales de no calcular los tiempos (o calcularlos mal) en la renovación del liderazgo…

Imagen: Tempo.co