Listas desbloqueadas, y ¿qué más?

En el año 2009, por primera vez en Indonesia, los ciudadanos tuvieron la posibilidad de emitir su voto de forma preferencial  y escoger a su candidato legislativo preferido. Lo que viene siendo, en términos politológicos, un voto preferencial con listas cerradas y desbloqueadas. Lo que para gran parte del 15-M español podría parecer un avance democrático de considerables dimensiones de cara a la rendición de cuentas de los políticos con la ciudadanía, en suelo indonesio no parece que los resultados hayan sido tan positivos como se esperaba, al menos en el ámbito nacional. Como ya comentamos en la entrada sobre la “informalidad en el presidencialismo indonesio”, los mecanismos de toma de decisiones del DPR indonesio no favorecen la transparencia y la posición de los legisladores respecto a los diversos temas que allí se debaten, sólo se conoce de puertas a dentro.

Asimismo, en el caso indonesio, del que ya hemos comentado la debilidad de las maquinarias partidistas, los costes de los candidatos para las campañas se han visto incrementados considerablemente ya que, no sólo tienen que competir contra los legisladores de otros partidos, sino también contra los otros candidatos de su propio partido. Esto, en un país donde la apropiación de los recursos del Estado está al orden del día (véase la entrada “España:KKN”), ha provocado que algunos de los candidatos vean la campaña como una inversión que tienen que recuperar una vez en el cargo. De hecho, en el ámbito local y provincial, algunos de los candidatos que, después de invertir grandes sumas de dinero, no habían conseguido un escaño, acabaron por suicidarse al no poder soportar el peso de sus deudas.

Esta línea de argumentación que relaciona las listas abiertas con mayor corrupción es la que han tomado aquellos indonesios que son contrarios a éstas. Así, el pasado sábado 14 de abril, el periódico indonesio Koran Tempo, publicaba unas declaraciones del Abdul Hakim, portavoz del grupo parlamentario del PKS en el DPR, en las que éste presentaba su posición contraria a las listas abiertas para las elecciones generales indonesias y en las que veíamos este tipo de argumentos. Sin embargo, el rechazo del PKS hacia las listas desbloqueadas no es fruto, simplemente, de su voluntad de liberar al pueblo indonesio del yugo de la corrupción, ni por asomo. El principal problema del PKS con las listas abiertas es su condición de partido de masas.

Para el PKS, un partido que basa su fuerza en el adoctrinamiento de sus miembros,  que estos tengan que competir entre ellos es casi una tragedia. Tal y como nos relataba personalmente un militante del PKS en Yogyakarta, “en la cultura del PKS no se concebía que sus candidatos tuvieran que enfrentarse entre sí”. El Partido de la Justicia y la Prosperidad apuesta por que sus militantes sigan homogéneamente el pensamiento y las decisiones emitidas por la cúpula del partido, en este caso la Majelis Syuro (la Asamblea Deliberativa); esto es lo que les hace “fuertes” frente la arbitrariedad y el populismo de los candidatos de los demás partidos indonesios. Pero, tal y como demuestran los resultados electorales de 2009, en los que el PKS obtuvo el 8% de los votos, así como también nos han reconocido algunos de los miembros del partido, esta fórmula no parece ser muy efectiva en el contexto indonesio.

El caso indonesio pone de manifiesto que las disfunciones de un sistema político, en este caso la corrupción, no se pueden arreglar con la mejora de uno solo de sus elementos. Al mismo tiempo, nos muestra que cada contexto es diferente, y lo que puede funcionar en un lugar, puede no hacerlo en otro. Como bien indican Laiz y Román (2003), un sistema político es un “conjunto identificable de elementos o variables, que interactúan entre sí y con el ambiente [y en el que] convergen el régimen, la comunidad política, la sociedad en su vertiente de actor político y la asignación de valores por una autoridad, logrando que éstos sean tomados como obligatorios el mayor tiempo posible”. El sistema electoral, es solo uno de esos elementos que operan en un sistema político, y que a su vez, en tanto que sistema, también está formado por múltiples componentes (número de representantes a elegir; circunscripciones, de las que importa el tamaño y el número; la barrera electoral; etc.).

Precisamente por esto, es importante que la ciudadanía no se quede en la superficie y que exija cambios de verdad sustanciales. En el caso indonesio, la introducción de las listas abiertas no parece haber mejorado la rendición de cuentas en ninguno de los tres niveles de gobierno. En los ámbitos local y provincial, la excesiva dependencia económica del centro y la gestión por parte de los ejecutivos –sin el control de los parlamentos regionales– de los recursos que de allí llegan, limitan mucho la importancia de los poderes legislativos y hacen que éstos pierdan relevancia para la ciudadanía que, consecuentemente, deja de escrutarlos. En el ámbito nacional, los mecanismos de funcionamiento del DPR dificultan que los ciudadanos puedan saber qué decisiones toman sus representantes en el parlamento. Asimismo, las listas desbloqueadas, por sí solas, tampoco han ayudado a reducir los casos de corrupción. Y es que para eso, es mucho más efectiva una reforma profunda del poder judicial.

Las listas desbloqueadas o abiertas, en teoría, mejoran la rendición de cuentas vertical, esto es entre los ciudadanos y sus gobernantes. Sin embargo, tal y como demuestra el caso indonesio, sin unos buenos mecanismos de accountability horizontal, esto es entre las diferentes instituciones del Estado y, sobre todo, entre los tres poderes, la primera queda bastante limitada.

Imagen: kanalpemilu.net

Algunas lecturas relacionadas:

Laiz, C. y Román, P. (2003): Política Comparada, Madrid, McGraw-Hill.

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La informalidad en el presidencialismo indonesio

Leo hoy en La Vanguardia, que el nuevo líder de los Socialistas Catalanes, el señor Pere Navarro, quiere verse lo antes posible con el también recién elegido Secretario General del PSOE, el señor Rubalcaba, para “acelerar la revisión de la relaciones PSOE-PSC”.

En los últimos años, en los que el trato entre Cataluña y España ha sufrido cierto deterioro a raíz, especialmente, del proceso estatutario iniciado durante el primer gobierno Zapatero, las relaciones de la Federación Socialista con su rama en Cataluña han sido cuestión de debate, sobre todo (por no decir únicamente) por parte catalana, pues existe en el PSC una corriente que aboga por tener “voz propia” en el Congreso de los Diputados. No voy a ahondar mucho más en este tema, simplemente decir que como discurso para contentar a parte de su electorado en Cataluña puede estar bien, pero dada la dinámica del juego político en España, la cual favorece la existencia de dos grandes partidos, creo que el debate sobre la “voz propia” va a quedar en eso, en un debate. Sin embargo, el ejemplo me sirve para poder hablar sobre el presidencialismo de la República de Indonesia y sobre las relaciones entre los poderes ejecutivo y legislativo, y es que la disciplina de voto juega un papel determinante en el buen funcionamiento de éstas.

Después de la caída del Nuevo Orden de Suharto, los encargados de llevar a cabo la transición política hacia la democracia decidieron adoptar (o, en cierta manera, mantener aunque con matices) un modelo presidencialista del que Sartori nos diría que es “puro”. En Indonesia, el Jefe de Estado, o sea el Presidente de la República, resulta de la elección popular; no se le puede cesar mediante un voto parlamentario, se requiere de un proceso de impeachment en el que interviene el poder judicial; y es también el Presidente quien encabeza y nombra su gobierno, en otras palabras, es a la vez Jefe de Estado y Jefe de Gobierno.

Por lo que al poder legislativo se refiere, Indonesia ha optado por un modelo bicameral asimétrico del que distinguimos una cámara de representación personal compuesta por 560 escaños que es el Consejo de Representantes del Pueblo (Dewan Perwakilan Rakyat, DPR); y una cámara de representación territorial compuesta por 132 representantes independientes que se llama Consejo de Representantes de las Regiones (Dewan Perwakilan Daerah, DPD). Esta segunda cámara, goza de muy poca autonomía y capacidad de control respecto a la de representación personal, en parte por su reducido tamaño y también por su forma organizativa y su funcionamiento. Es por eso que decimos que el bicameralismo indonesio es asimétrico, o débil si se quiere. Ambas cámaras se unen en lo que se llama la Asamblea Popular Consultiva (Majelis Permusyawaratan Rakyat, MPR), un organismo legislativo con un poder más bien simbólico, encargado de nombrar al Presidente y al Vicepresidente escogidos por el pueblo en las urnas y terminar su mandato si el proceso extraordinario de impeachment fuera iniciado.

Una vez vistos ambos poderes, el principal reto que presenta el modelo indonesio respecto a las relaciones entre estos es el de compaginar el régimen presidencialista con un sistema de partidos multipartidista. Para evitar el bloqueo gubernamental que pudiera darse debido, por ejemplo, a la falta de una coalición estable en el parlamento que apoye las decisiones del presidente, los presidencialismos, coexistan o no con una realidad multipartidista, establecen una serie de mecanismos informales que permiten que las decisiones puedan ser tomadas.

En el caso indonesio, se ha optado por evitar someter a votación la mayoría de las decisiones. Éstas, en lugar de ser tomadas en las sesiones plenarias, se toman por consenso, de forma más compleja y opaca, en las comisiones parlamentarias. En ellas, los parlamentarios pueden actuar con bastante autonomía respecto sus partidos políticos ya que en contadas ocasiones su decisión final transciende a la opinión pública. En otras palabras, dicho mecanismo les permite tener “voz propia”, con lo que no tienen por qué acatar con la disciplina de partido. De hecho, en muchas ocasiones, si dos procesos legislativos entran en contradicción, los parlamentarios prefieren alinearse con su comisión antes que con sus socios de partido. Esperemos que no sea porque eso da más “beneficios”….

Puede que este mecanismo, que parece contrario a la rendición de cuentas democrática, sea uno de los “peligros” del presidencialismo indonesio, sin embargo, el hecho de que el DPR pueda funcionar de forma fluida le permite a éste funcionar como mecanismo de control respecto al poder ejecutivo, al Presidente. Algo así como la versión indonesia de los “checks and balances” norteamericanos.

Desafortunadamente para el señor Pere Navarro, y seguramente para mucha más gente, España optó por un régimen parlamentario. En éste, el acatamiento de la disciplina de partido es de vital importancia para su buen funcionamiento y su estabilidad, más aún si cabe dada su tendencia al bipartidismo. Prácticamente, la única manera de que el PSC tenga voz propia en el Congreso es contando con grupo parlamentario propio, pero ¿lo conseguiría desvinculándose del PSOE? Solo hay una forma de saberlo.

Imagen: Wikimedia Commons

Algunas Fuentes Relacionadas:

Linz, J.J. (1990): “The Perils of Presidentialism” en Journal of Democracy, Vol. 1, nº1, pp. 51-69

Mainwaring, S. (1993): “Presidentialism, Multipartism, and Democracy” en Comparative Political Studies, Vol. 26, nº 2, pp. 198-228

Sartori, G. (1997): Comparative Constitutional Engineering: an inquiry into structures, incentives and outcomes, Houndmills y Londres, MacMillan Press