De las Pemilu y la Pilpres

Tribunal ConstitucionalEstos dos acrónimos van a ser los protagonistas en todos los medios de comunicación indonesios, en cualquiera que sea el formato, durante la primera mitad de este año que recién empieza. Pemilu, es el resultado de la unión de las palabras Pemilihan (elección) y Umum (general, aunque a veces puede traducirse también por público o de propiedad pública). Con este término, se hace referencia a tanto a las legislativas como a las presidenciales, aunque para referirse a éstas últimas con mayor precisión se utiliza el segundo de los acrónimos, Pilpres, que surge de unir las palabras Pemilihan y Presiden (Presidente).

Una vez hechas las presentaciones, centrémonos ahora en hablar sobre el sistema electoral indonesio e intentemos explicarlo lo más claramente posible. Empecemos por las elecciones legislativas. El próximo 9 de abril, los indonesios escogerán a los representantes de TODAS las cámaras legislativas del país, desde el Parlamento Nacional (DPR) y la cámara de representación territorial (DPD), a los consejos representativos de las más de 500 regencias y municipalidades, pasando también por los parlamentos provinciales (33). Mediante unas listas electorales cerradas pero desbloqueadas, los indonesios escogerán al representante que más les guste de entre los que aparezcan en la papeleta de su partido político preferido. Este mecanismo se implementó por primera vez en las pasadas elecciones de 2009, y tenía como objetivo mejorar la rendición de cuentas de los parlamentarios frente a su electorado, pero tal y como comentamos en la entrada “La informalidad en el presidencialismo indonesio”, el funcionamiento del presidencialismo indonesio y sus mecanismos informales limitan dicho proceso de accountability.

Así, en el presidencialismo indonesio, las elecciones legislativas pueden parecer de poca relevancia. Nada más lejos de la realidad. Como consecuencia de la Ley número 42/2008 sobre las elecciones presidenciales, las legislativas sirven como una especie de primera vuelta que determinará quién puede presentarse a las presidenciales y quién no. La ley determina que sólo podrán presentar candidatos aquellos partidos que en las legislativas hayan conseguido el 20% de los escaños en el DPR o un 25% de votos. Así, si un partido no llega a esta barrera electoral, deberá buscar alianzas para presentar un candidato o formar parte de una coalición presidencial.

Los principales motivos que llevan a estructurar los comicios de esta forma son, esencialmente dos. Primero, la voluntad de encajar un sistema multipartidista en un sistema de gobierno presidencialista. Indonesia ha hecho, y sigue haciendo, bandera de su diversidad y pluralidad de religiones, etnias y lenguas. El lema bajo el que se esconde la identidad nacional de los indonesios es Bhineka Tunggal Ika, “Unión en la Diversidad”. Ante esto, las élites indonesias no podían, y siguen sin poder, percibir un parlamento que no fuera multicolor. Así, establecen un sistema presidencial con un ejecutivo con mucho poder político, pero que al mismo tiempo se debe a un parlamento plural.

Segundo, el sistema electoral indonesio busca cargar de legitimidad y representatividad la figura del Presidente. El uso de las legislativas como ronda de clasificación permite que los candidatos a las presidenciales gocen ya de cierta representatividad porque, como mínimo, su candidatura está avalada por el 20% del parlamento o el 25% de los votantes. En cierto modo, el sistema electoral le otorga al presidente doble legitimidad: por un lado, la que se desprende de los apoyos que su partido o coalición de partidos tiene en el DPR; y por otro, la que le da el hecho de ser elegido directamente en una elección popular. Asimismo, hasta hoy, el sistema electoral indonesio no ha buscado la estabilidad del sistema político mediante la creación de gobiernos monocolor –es evidente que la barrera electoral del 20% de los escaños no le garantiza al presidente el control del parlamento–, sino más bien, en la línea de enfatizar la “Unión en la Diversidad”, lo que busca es encontrar la estabilidad cargando de legitimidad a la figura política más poderosa del país.

Sin embargo, en los últimos días ha vuelto a surgir la polémica alrededor del sistema de las Pemilu y la Pilpres. El pasado 23 de enero, el Tribunal Constitucional indonesio presentó su decisión a favor de celebrar las elecciones presidenciales el mismo día de las legislativas. Ahora bien, este cambio no se hará efectivo hasta las próximas elecciones de 2019, ya que el Constitucional alega que, de llevar a cabo el cambio ahora, los comicios de 2014 podrían quedar sumidos en el “caos y la incerteza legal”. Esta sentencia del Constitucional responde a un recurso presentado a principios de 2013 por la Coalición de la Sociedad Civil por unas Elecciones Simultaneas (Koalisi Masyarakyat untuk Pemilu Serentak) en contra de la Ley 42/2008 sobre las elecciones presidenciales. La idea detrás del recurso es que celebrándolas el mismo día, se evitarían las transacciones políticas propias en la formación de coaliciones para llegar al umbral del 20% de los escaños y así poder nominar a un candidato presidencial, en muchas ocasiones bastante oscuras aquí en Indonesia. Al mismo tiempo, la coalición argumentaba que si ambas elecciones se celebraban el mismo día, esto favorecería la participación.

La decisión ha sido aceptada positivamente por la mayoría de partidos y sus principales figuras, los cuales ven la posibilidad de poder formar gobiernos monocolor con mayor facilidad y sin tener que negociar con los demás ni puntos de la agenda política ni cargos ministeriales. Las únicas voces discordantes con la decisión del Constitucional hacen referencia al hecho de que el tribunal ha hecho pública su decisión demasiado tarde. Por ejemplo, Prabowo Subianto, que tiene buena aceptación como presidenciable en las encuestas (lejos siempre de Jokowi) pero al que le va a costar presentar candidatura propia por los pocos votos que obtendrá su partido (Gerindra), quería que la decisión se hubiera tomado antes y que el cambio se hubiera llevado a cabo en las elecciones de este año.

Sea como fuere, y a muy a pesar del señor Prabowo, parece que este año las elecciones se celebrarán como hemos explicado al principio. Aun así, es preciso analizar, aunque sea brevemente porque todavía es muy reciente, lo que significa este cambio en el sistema electoral. A bote pronto, parece que las élites políticas del país quieren reducir los obstáculos para acceder a la presidencia y a los “beneficios” que ésta conlleva. Con esta decisión, el Constitucional se carga uno de los principales mecanismos de “checks & balances” del presidencialismo indonesio: la elección directa de un presidente que cuenta, como mínimo, con el 20% del apoyo del parlamento pero que para ganar en las presidenciales, necesitará buscar mayores apoyos entre los demás partidos para intentar sumar el 51% del voto ciudadano. Así, se tendrá que desarrollar una ley electoral muy, pero que muy, buena para que un presidente escogido por el 20,85% de la población (que es el porcentaje de voto récord obtenido por un partido político indonesio en democracia) tenga la legitimidad necesaria para gobernar un país.

Imagen: Edificio del Tribunal Constitucional indonesio en Yakarta. http://www.mahkamahkonstitusi.co.id

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