“The Act of Killing” y algo sobre elecciones

MV5BNzQ0NDA1ODQ3NF5BMl5BanBnXkFtZTcwNjQwMzk0OA@@__V1_SY317_CR4,0,214,317_Siendo esta la semana de los Oscars, en el Warung queremos hablar de cine. Hace unos días estuvimos de cine-forum con unos amigos y decidimos ver la versión extendida de “The Act of Killing” (El Acto de Matar) de Joshua Oppenheimer (2012). Nos costó su tiempo encontrarla porque en su momento fue censurada por las autoridades indonesias, pero la nominación para los Oscars que recibió el pasado mes de enero la ha vuelto a traer a la palestra y ya está en Youtube disponible para el que quiera practicar bahasa Indonesia.

Podría parecer que hablar de este “documental de la imaginación”, como lo cataloga su director, se aparta del principal tema que tratará el Warung a lo largo de este año, las elecciones en Indonesia, pero no es así.

Primero, empecemos por hacer una breve crítica cinematográfica del film. Por falta de mayores conocimientos en lo que al séptimo arte se refiere, tendremos que centrarnos en los contenidos y dejar las críticas estéticas para los expertos. Aunque pensándolo bien, sí hay un elemento visual en el que nos gustaría prestar cierta atención, por su relación con el contenido. Se trata de las escenas que reproducen matanzas sanguinarias que rozan lo Gore. Y es que éstas, nos han traído a la memoria los momentos más sangrientos de la película propagandista que realizó el régimen del Nuevo Orden para justificar, precisamente, el linchamiento de seguidores del Partido Comunista de Indonesia (el PKI) que la película de Oppenheimer pone en evidencia. El panfleto-film se titula “Pengkhianatan G 30 S-PKI” (La Traición del Movimiento 30 de Setiembre-PKI), 1984, y en él se muestran la crueldad de los golpistas comunistas contra los generales asesinados y sus familias.

Durante 14 años (los que van desde 1984 hasta 1998, año en que dimitió Suharto), y probablemente alguno más, cada 17 de Agosto, día nacional de Indonesia (Hari Merdeka, Día de la Libertad), los indonesios se reunían frente a un televisor, para ver  el panfleto-film que emitía el único canal televisivo en aquellos tiempos. Esta “primera” película, y su estética Gore, sin duda han influenciado a los protagonistas del film de Oppenheimer, que son los encargados de dirigir los sketches en los que reproducen las torturas que realizaban. De alguna manera, Anwar (el prota) y sus amiguetes, están haciendo propaganda de ellos mismos y de lo que ellos consideran sus hazañas. Por culpa de esto, puede que el principal mensaje que transmita la obra de Oppenheimer sea que los de las Pemuda Pancasila (Juventudes Pancasilistas), el nombre de la organización a la que pertenecen los protagonistas del film, son unos sanguinarios hijos de p… y que eran más malos que la peste. Aunque esto no deja de ser verdad, este mismo mensaje pero invirtiendo víctimas y verdugos, era el que transmitía “Pengkhianatan G 30 S-PKI”. Y ¿qué pasa si es así? Pues bien, tampoco es un drama porque por primera vez se reconoce que las torturas y las matanzas se produjeron; pero este episodio de la historia de Indonesia es mucho más turbio y requiere de un análisis mucho más profundo, que la peli de Oppenheimer podría hacer y no hace, o lo hace muy superficialmente, por centrarse en presentarnos esta imagen de tarados orgullosos de Anwar y sus compinches.

En lo que queda de entrada, comentaremos brevemente uno de los aspectos que el film apunta y que tiene que ver con las elecciones. Durante varias escenas del film, se ve como figuras políticas prominentes del actual periodo democrático (el Vicepresidente del momento, Jusuf Kalla, el Gobernador de Sumatra del Norte…) se dan baños de masas con las Juventudes Pancasilistas o reciben a varios de sus miembros en sus despachos. Esto, aunque de mal gusto, tampoco es extremadamente raro teniendo en cuenta la impunidad de la que gozan los altos cargos, tanto políticos como militares, del Nuevo Orden de Suharto. Lo que pasa en Indonesia es que, muchos de los miembros de este tipo de grupos de estética y comportamiento paramilitar son algo más que simple comparsa electoral. En muchas ocasiones, estos gánsteres (preman) son miembros destacados de lo que en Indonesia se llama Tim Sukses, una especie de equipo de campaña que se encarga de “promover” por los barrios (los kampung) a algún candidato electoral, tanto da si para las legislativas como para las ejecutivas regionales.

Sería muy injusto decir que todos los Tim Sukses en Indonesia están formados por pandilleros y extorsionadores, pero sí es cierto que cuanto más remota es la región, y especialmente durante las elecciones ejecutivas, más gente de estas características pasa a engrosar las filas de estos equipos de campaña. Aunque no solo de gánsteres se nutren estos “equipos para el éxito”. A menudo, profesionales que ya tienen mucha mano en esto del funcionamiento del estado indonesio, como pueden ser (¡sorpresa!) promotores y constructores, también forman parte de estos grupos. Su función principal es la de financiar la campaña de su candidato, pero también lo “promueven” entre sus trabajadores y vecinos. No es de extrañar pues, que una vez dicho candidato se hace con el cargo, los nombres que aparecen en los listados de las concesiones hechas por la regencia o municipalidad de turno, coincidan con los nombres de los miembros del Tim Sukses del candidato en cuestión. Pero bueno, nada nuevo bajo el sol (Mediterráneo).

La existencia de este tipo de equipos de campaña, sean más o menos de tendencia delictiva o no, tiene mucho que ver con los costes de la democracia en un país de 240 millones de habitantes, con una extensión de 1.904.569 km2, formado por más de 17.000 islas y con unas desigualdades socio-económicas muy significativas, no solo entre individuos sino también entre regiones. En Java, puede que haya bastante gente que pueda gastarse cerca de 2 millones de dólares para ganar unas elecciones a Bupati o Walikota, pero fuera de la principal isla del archipiélago, esto es algo más complicado. Las 2 o 3 personas con capacidad de gastarse ese dinero en, pongamos, la regencia de Pelalawan, provincia de Riau (isla de Sumatra), probablemente no se hayan hecho ricas en los últimos 16 años (los que se han cumplido desde la dimisión de Suharto), sino que su poder económico provenga de su trabajo durante los años del Nuevo Orden. Esto no los hace malos políticos, pero inevitablemente les une a una forma de hacer política y negocios en la que el clientelismo y la connivencia eran la norma y de la que son herederos. La democracia como “método” se ha implementado en todo el territorio indonesio, pero todavía está lejos de asentarse como sistema, con sus principios y valores. Consecuentemente, figuras como la de los preman tienen aún cabida en muchos de los procesos políticos de indonesia, especialmente en el ámbito local.

Si en el año 2014, el Estado no puede llegar a todos los rincones de Indonesia, en 1965, año en el que se iniciaron las persecuciones y matanzas a comunistas, todavía menos. Los acontecimientos posteriores al alzamiento militar del 30 de setiembre de 1965 situaron a los comunistas en el centro de la diana, pero dada la debilidad del Estado en esa época, las matanzas y los linchamientos estaban puestos en manos de grupos de delincuentes, como el de Anwar Congo y sus amiguetes, con lo que los objetivos pasaban a ser algo borrosos y lo mismo daba que el vecino de dos puertas más abajo fuera comunista o no, si con anterioridad había “molestado” a alguien del grupo.

“The Act of Killing” es una película necesaria para la historia de Indonesia porque denuncia la impunidad, no solo de los verdugos de esos hechos particulares, sino de todo el Estado durante los años que duró el Nuevo Orden. Algunos miembros de ese Estado todavía siguen siendo figuras políticas destacadas en la actualidad, y algunos incluso se van a presentar a las elecciones presidenciales. Ahora bien, como decíamos al principio, los sucesos que siguieron a la revuelta militar de 1965 no pueden reducirse a la dicotomía bipolar de la Guerra Fría, ni tampoco al maniqueísmo. Anwar y sus compinches eran malos, malísimos, pero ¿por qué eran ellos, cuatro gánsteres de poca monta, quienes interrogaban, juzgaban y ajusticiaban a los sospechosos? ¿Qué papel jugaron algunos grupos islámicos en las persecuciones? ¿Qué pasó con artistas e intelectuales no militantes del PKI que también desaparecieron? Todas estas preguntas son importantes para entender la historia más reciente de Indonesia. El film de Oppenheimer parece haber abierto la brecha para que se hagan más documentales que saquen a la luz lo que decenas de intelectuales llevan tiempo explicando. Solo por esto, “The Act of Killing” ya merece un Oscar. Ahora solo falta que estos nuevos documentales los puedan hacer cineastas indonesios sin miedo a ser perseguidos.

Imagen: IMDb http://www.imdb.com/title/tt2375605/

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